La supererupción de Toba hace 74.000 años fue tan enorme que pudo haber sumido a la Tierra en años de oscuridad y frío, llevando a algunos científicos a creer que la humanidad estuvo a punto de extinguirse.
Sin embargo, las pruebas arqueológicas de África y Asia sugieren que los primeros humanos fueron mucho más resilientes de lo que se pensaba.
En lugar de desaparecer, algunas comunidades se adaptaron con nuevas herramientas, nuevas estrategias de supervivencia y una flexibilidad asombrosa.
El desastre quizá no destruyó a la humanidad; quizá reveló lo duros que son realmente los seres humanos.
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