Los científicos descubrieron que el deshielo del permafrost puede desencadenar un aumento de la meteorización de las rocas, un proceso natural que absorbe CO2 de la atmósfera. En algunas regiones, esta captación de carbono fue lo suficientemente intensa como para compensar por completo —o incluso superar— las emisiones de gases de efecto invernadero de los ríos.
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