El final del invierno en el sur de Alaska ofreció un espectacular despliegue atmosférico, captado por un satélite de la NASA. El aire ártico frío, al desplazarse sobre aguas oceánicas más cálidas, creó largas bandas de nubes, patrones de vórtices arremolinados e incluso una tormenta polar compacta con vientos potentes. A medida que el aire avanzaba mar adentro, evolucionó hacia formaciones nubosas cada vez más complejas. El resultado fue un cielo dramático y en constante cambio que puso de relieve la energía cruda del final de la temporada.
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