Los científicos han confirmado que un misterioso terremoto de Utah, detectado por primera vez en 1979, realmente ocurrió a casi 90 kilómetros de profundidad, mucho más profundo de lo que cualquiera pensaba que podían producirse los terremotos bajo un continente.
Al reanalizar décadas de datos sísmicos, los investigadores identificaron una rara clase de “terremotos del manto continental” que ocurren en lo profundo del manto superior de la Tierra, donde se espera que la roca fluya lentamente en lugar de romperse de forma repentina.